Después de más de 4,400 kilómetros de carretera, Richard y Rocío llegaron a Santa Mónica, California, a bordo de la Marshal Traveler 525, nuestra Fiera. El último día de la expedición por la Ruta 66 nos llevó desde Barstow hasta el Pacífico, donde completamos una travesía de ocho estados en el año del centenario de una de las carreteras más emblemáticas del mundo.

Durante casi dos semanas, cada mañana había significado preparar el equipo, revisar el camino y poner rumbo al siguiente destino. La Marshal Traveler 525, nuestra Fiera, volvió a ponerse en marcha para recorrer los últimos tramos de esta aventura. El desierto californiano nos acompañó al principio, con sus montañas y antiguas estaciones de servicio. Queríamos disfrutar cada kilómetro, conscientes de que acercarnos a la meta también significaba despedirnos de una carretera que durante tantos días nos había llevado de una historia a otra.

Nuestra primera parada fue Elmer’s Bottle Tree Ranch, cerca de Oro Grande, un sitio singular donde estructuras metálicas y botellas de colores forman árboles que destacan en medio del paisaje desértico. Continuamos hacia Victorville para visitar el California Route 66 Museum y el clásico Emma Jean’s Holland Burger Cafe, dos lugares que conservan parte de la memoria de esta carretera.

Después cruzamos Cajon Pass. Dejamos atrás las extensiones del alto desierto y descendimos hacia una California cada vez más urbana. El tráfico aumentó, las avenidas se hicieron más grandes y las señales de la ciudad comenzaron a sustituir la tranquilidad de los caminos abiertos.

En San Bernardino visitamos Mitla Café, abierto desde 1937 y referente de la tradición gastronómica mexicana en la región. Después llegamos al museo ubicado en el sitio del primer restaurante McDonald’s, un espacio que recuerda cómo un negocio familiar terminó convirtiéndose en una marca reconocida mundialmente.

Seguimos hacia el Wigwam Motel y la antigua Cucamonga Service Station antes de continuar rumbo a Los Ángeles. En este tramo también encontramos algo que nos hizo sentir más cerca de casa: escuchar español, cruzarnos con compatriotas y reconocer la presencia de la comunidad latina. Después de tantos kilómetros lejos de México, esa familiaridad nos regaló un momento especial antes de llegar a nuestro destino.

La entrada a Downtown Los Ángeles marcó otro contraste. Después de atravesar pueblos pequeños, bosques, montañas y desiertos, ahora rodábamos entre edificios, avenidas y tráfico intenso. Finalmente dejamos atrás Los Ángeles para dirigirnos a Santa Mónica. Aparecieron las palmeras, el ambiente costero y, frente a nosotros, el océano Pacífico.

Al alcanzar el Santa Monica Pier y encontrarnos con el emblemático letrero End of the Trail, todo lo vivido durante el viaje pareció reunirse en un instante. Recordamos el comienzo en Chicago, las mañanas frías, la lluvia, el calor del desierto y las vueltas que tuvimos que dar para recuperar los trazados históricos.

En Adrian, Texas, habíamos llegado al Midpoint, donde un letrero marcaba 1,139 millas hacia Chicago y otras 1,139 hacia Los Ángeles. En aquel momento todavía quedaba media misión por delante. Ahora, con el Pacífico frente a nosotros, podíamos dimensionar lo que Richard y Rocío habían conseguido junto a la Marshal Traveler 525.

Nuestra expedición superó los 4,400 kilómetros -contando el tramo de enlace entre la Ciudad de México y Chicago- y atravesó los ocho estados de nuestra travesía. En Revista 400 recorrimos la Ruta 66 durante el año de su centenario, buscando sus trazados históricos transitables y regresando a ellos cada vez que un cierre obligaba a tomar otra vía.

En ese desafío, la Marshal Traveler 525 demostró lo que significa acompañar una aventura de turismo en motocicleta de esta magnitud. Su motor bicilíndrico refrigerado por líquido y su equipamiento formaron parte de una experiencia real, más allá de las especificaciones técnicas. La Fiera compartió carretera con grandes motocicletas touring, despertó curiosidad en cada parada y sumó kilómetros jornada tras jornada hasta llegar al Pacífico.

Pero el logro también pertenece, y de manera especial, a Richard Marelli y Rocío Centa. Fueron ellos quienes asumieron el reto de llevar la Traveler hasta el final, enfrentando largas jornadas, cambios de clima, cansancio y los imprevistos propios de una ruta que exige paciencia y capacidad de adaptación. Completar este recorrido es una hazaña que habla de su determinación, su experiencia y quizás lo más importante: su pasión por viajar en motocicleta.

Desde Revista 400, el acompañar y documentar esta aventura nos permitió acercarnos a la verdadera dimensión cultural de la Ruta 66. Un siglo después de su creación, sigue siendo un punto de encuentro para viajeros, motociclistas y comunidades que encuentran en ella una parte de su historia.

La Fiera salió de México para cumplir este desafío y llegó hasta el Pacífico. Richard y Rocío completaron el recorrido. Y nosotros estuvimos ahí para contar cada etapa de esta experiencia. Frente al muelle de Santa Mónica y después de más de 4,400 kilómetros finalmente pudimos gritar: ¡lo logramos! recorrimos la Ruta 66.

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